Irma González me consagró como Butterfly: María Luisa Taméz

Su carrera comenzó en la más tierna infancia: Debutaba en una gira en los estados fronterizos del norte de México a los 5 años alternando con su hermano como Dolore en Madama Butterfly, ópera que la perseguiría toda su vida.

María Luisa Taméz tiene en la sangre el arte: Sus padres eran cantantes también y buena parte de su infancia se desarrolló entre las bambalinas y los escenarios. Desde entonces, se mantuvo en ellos como una de las grandes divas mexicanas del bel canto gracias a su potente voz y amplísimo registro como soprano falcone: Doble tesitura, registro grave. “Fui cantante casi por casualidad”, recuerda en entrevista con Mexicana de Arte•. 

María Luisa Taméz es una de las primeras ganadoras del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli, del que recibió el Primer Premio y una frase que nunca olvidará: “Irma González se acercó a mí y me dijo: Qué bonito cantas, se ve que has llorado mucho”. Sin saberlo, Gonzáles se convertiría en clave de su carrera al recomendarla para protagonizar Madama Butterfly en el Teatro Degollado de Guadalajara. “No creí que fuera un rol adecuado para mi voz, estaba por rechazarlo cuando la maestra me llamó, me recibió en su casa y sin darme tiempo a decir nada me ungió como su hija artística: Me dijo cómo pararme, cómo caminar, cómo usar el vestuario y me regaló los kimonos con los que ella había cantado a Cio-Cio San”.

No era la primera vez que Taméz se negaría a cantar Madama Butterfly al saber que no era adecuado para su tesitura: a los 20 años Eduardo Mata la retiró del elenco de L’elisir d’amore ante su rechazo del rol. Curiosamente, Cio-Cio San sería la ópera que la consagraría en el ideario operístico mexicano. Fue la representante de nuestro país en el Concurso Internacional Madama Butterfly en Japón, donde Gilda Cruz Romo mostró una implacable ética al retirarse de la votación pues no quería —como el resto del jurado, rusos en su mayoría— privilegiar a una connacional.

“María Luisa posee las cualidades para ser una notable heroína pucciniana debido a su bella y poderosa voz, rica en armónicos, cuyo timbre es difícil de olvidar”

—José Barrios Sierra, Excélsior.

VOZ INTERNACIONAL

Su voz conserva importantes registros graves que le mantienen activa como mezzo soprano, tesitura que le conserva halagos como los que cosechara en la voz aguda. Lawrence W. Cheek diría en 1981 que “María Luisa Taméz es maravillosa, posee una voz que es oro puro y es una delicia escuchar” según cuenta el compendio de críticas que conserva la cantante y al que tuvimos acceso. En Excélsior, José Barrios Sierra consideraba en 1983 que “posee las cualidades para ser una notable heroína pucciniana debido a su bella y poderosa voz, rica en armónicos, cuyo timbre es difícil de olvidar”. Y es que así es María Luisa: Difícil de olvidar.

Adoradora de la cultura mexicana, orgullosa embajadora de ella, María Luisa Taméz ha viajado a los más importantes escenarios en ciudades como París, Berlín, Londres, Los Ángeles o Long Beach (entre muchas otras), bajo una lista de batutas que incluye —pero no se limita— a Gunter Herbig, José Guadalupe Flores, Eduardo Mata, Enrique Patrón de Rueda, Eduardo Díaz Muñoz, Enrique Diemecke, Alun Francis y Luis Herrera de la Fuente, este último con quien se convertiría en la segunda intérprete en México en entonar el Ah! Pérfido de Beethoven después de Gilda Cruz Romo, quien lo hiciera bajo la batuta de Enrique Patrón de Rueda.

Y es que no sólo nuestro país se ha conmovido con su fuerte personalidad escénica que va siempre de la mano con una bella y potente voz: Mandatarios como Mikhail Gorbachov, Bill Clinton o Vladimir Putin han quedado asombrados por su canto en invitaciones realizadas por la Presidencia de la República para participar en recepciones de primer nivel. Durante el año Verdi Wagner, Taméz ofrecería más de 20 conciertos operísticos, finalizando los festejos con la Misa de Réquiem de Verdi acompañada por orquestas como la OFNAM, la OSIDEM o la OFEQ.

El público además pudo disfrutarla en el Zócalo de la Ciudad de México interpretando la Novena Sinfonía de Beethoven junto a la OFCM. “Esta casa se la debo a la Novena, ¡canté más de 250 como soprano!”, cuenta entre risas.

¿Es justo plantearle a una mujer que debe elegir entre su familia y su carrera? ¿Cómo podría serlo, cuando se le pone esa elección a una mujer que ha recibido el Aplauso de la Macarena en Sevilla, que fue descubierta por un maestro de canto cuando ella estudiaba piano y que incluso es parte de la literatura histórica mexicana en publicaciones como Relatos de Luz de Raúl Cremoux? No es posible encontrar otra palabra más que injusticia.

Aún así, con toda la carga, María Luisa no se dejó quebrar. “Hay aves que cruzan el pantano y no manchan su plumaje”, dice mientras recuerda los momentos en que ser solista era cuestión de respeto. “Entraba al escenario y la orquesta me recibía de pie, los técnicos hacían silencio a mi paso. Una se da a respetar”. 

“El milagro llegó de México con voz de mujer.”

—Efraín Corona, Diario de Caracas (Venezuela, 1990)

MOMENTO DE CAMBIOS

Luego de que le retiraran la matriz a los 40 años y ser por muchos años recordada como una magnífica Carmen y una inigualable Butterfly, María Luisa Taméz cambiaría definitivamente su tesitura a Mezzosoprano. “Si en México se hiciera más ópera wagneriana, muy seguramente yo seguiría cantando como soprano”, precisa. No quería, en sus palabras, seguir en el canto “si no es con esa excelencia”.

Su madurez no sólo emocional, sino vocal, nos permiten hoy por hoy deleitarnos con una de las mejores voces que nuestro país dio y que ha sido de inspiración para otras grandes como María Katzarava. “La conocí chiquitita, incluso la cuidé una noche. Muchos años después nos reencontramos y me dijo: Tú no te acuerdas de mí, pero yo sí. Cuando te ví, dije: «cuando yo sea grande, quiero ser cantante como ella»”. Nuevamente, Butterfly fue la responsable.

Así, entre la vorágine que ha sido para todos el 2020, María Luisa Taméz se muestra optimista. “Aunque no tuviera voz, me hubiera dedicado a algo relacionado con esto”, aclara con la paz y la sonrisa de alguien que está en el lugar correcto, y que no piensa irse.

No cable duda que hay Taméz para rato, ya sea como parte de los Solistas Cantantes de Ópera del INBAL, como educadora vocal o con alguna de las tantas grabaciones que ha realizado y seguirá haciendo de la mano del promotor y cantante Héctor Sosa.

La voz —y la sonrisa— de María Luisa Taméz siguen. Y seguirán ahí. •

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