1976: Año del dragón según el horóscopo chino, año en que que entró en vigor el Pacto Internacional de los Derechos económicos, sociales y culturales de la ONU, año en que la Real Academia de la Lengua Vasca consigue reconocimiento institucional, año en que el Vinking 1 realiza el primer aterrizaje en Marte.

En un día como hoy, pero de ese 76, se fundó la Academia Mexicana de Informática, y en ese mísmo día veía por primera vez la luz un ser humano digno de todo nuestro aprecio, nuestro abrazo y nuestros mejores afectos: Oswaldo Martín del Campo.

Os -como le conocemos gracias a su más reciente microficción- es tenor, Maestro en Literatura, tallerista de expresión corporal, director escénico, esposo, hermano, amigo adorado, incansable lector, apoyo inconmensurable. Es ese boticario que nos hizo reír al unísono que nos conmovió hasta decir basta, es el director que busca -y encuentra- la excelencia en su trabajo, que logra siempre conectar con el espectador sea este amigo, conocido o transeúnte.

Hay amigos a los que uno quiere para sí mismo, sin embargo el Maestro Martín del Campo es de esos colegas que te llenan de un orgullo y admiración tan desbordados que no puedes dejar de presumir, así que vayan hasta él mis mayores felicitaciones y a ustedes mi recomendación de darse una vuelta por el Diario de la Botica.

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