Ópera Opinión

La cercanía del bis: Las bodas de Fígaro en manos de la Ópera de Bellas Artes.

Es el bis uno de los máximos honores que puede recibir un cantante de ópera por parte del público, particularmente en la etapa temprana de su carrera. Así es como desde butacas te palmean la espalda y te hacen saber que es de su agrado lo que haces, que quieren seguirte escuchando y que ávidamente esperarán tu regreso al escenario.

En México podría decirse que es una costumbre en desuso, sin embargo la fabulosa producción de Las Bodas de Fígaro que la Ópera de Bellas Artes entregó al público en esta ocasión estuvimos a punto de vivir no uno, sino varios bises que estarían a cargo de Jacinta Barbachano -quien debutó en el Palacio de Bellas Artes con esta producción-, Denis Sedov y Narine Yeghiyan, quienes hacían estallar los aplausos al finalizar cada aria.4328461424_IMG_7735.jpg

¿Qué no aplaudir de esta producción? La escenografía, modular y siempre cambiante, fabulosa e interesante que sorprendió a todos; las voces maravillosas, cuidadas, con dedicación y preparación suficiente para el reto que este montaje representa; el vestuario -salvo un detalle que pasaría imperceptible- precioso y muy bien colocado en época como el maquillaje, dirección de escena genial y elaborada que no dejó ir ni un cabo. La orquesta y el coro: señoras y señores, miles de aplausos para su ejecución. Ejecutantes y bailarines, totalmente a la altura. Nadie faltó, nadie sobró.

Quiero abundar en el trabajo escenográfico de Jorge Ballina, mire usted por qué:

Constó de cuatro módulos que generaban variaciones para los cambios de escena, que creaban ambientes maravillosos y sorprendía cómo los figurantes hacían girar con precisión de maquinaria suiza cada panel y el escenario mismo. ¡Bárbaro, Ballina!

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En un elenco internacional integrado por Denis Sedov (Rusia, Fígaro), Armando Piña (México, Conde Almaviva), Narine Yeghiyan (Armenia, Condesa Almaviva), Letitia Vitelaru (Rumania, Susana) y Jacinta Barbachano (México, Cherubino), además de Gabriela Thierry, Arturo López Castillo, Juan Carlos López Muñoz, Dora Garcidueñas y José Antonio Alcaráz, con escena de Mauricio García Lozano y escenografía de Jorge Ballina, todos bajo la batuta de Srba Dinć, vivimos lo que puntualmente Francisco Fernández De Miguel definió como El regreso de la buena ópera a México, opinión con la que no podría dejar de coincidir.

Sedov impresionó al público con una voz firme, brillante, bien resuelta y con una colocación impecable. Vitelaru y Yeghian construyeron juntas un dueto que no sólo presume una complicidad fabulosa, sino dos voces preciosas que no descuidan la escena.

¡Cherubino! Jacinta Barbachano no sólo demostró una fuerte presencia y versatilidad escénica, pues vasta ver su fotografía en el programa de mano para confirmar la belleza física que posee y sorprenderse de verla convertida en un puberto con las hormonas a mil por hora, con un graciosísimo bigote apenas naciente bajo la nariz, sino que atrapó al público en su “Voi che sapete” que flotaba, con una voz fina que vibraba en todos los rincones del Palacio gracias a la potencia que lució, lo mismo que el fabuloso bajo ruso con quien compartiera escena durante “Non più andrai, Farfallone amoroso”.

¿El elenco nacional? Impecables, con voces que mostraron cuidado y concienzudo estudio para elevarse en el Palacio de Bellas Artes. A la altura de las óperas del mundo.

4589022976_IMG_7784.jpgHay tantas opiniones como personas en el mundo, sin embargo quienes vimos repetidamente y en su totalidad las funciones que se ofrecieron en el Coloso de Mármol podemos atestiguar que Alonso Escalante viene no sólo a revolucionar cómo se hace ópera en este escenario, sino que está dando paso a una nueva era de la ópera nacional dedicada a la calidad, la creación armónica y el talento probado como fórmula ineludible.

¡Tengamos fe! Esperemos que nos sigan sorprendiendo con montajes que, lejos de ser pretenciosos, proponen, crean, construyen y buscan que sea la expresión artística -y no ególatra, competitiva entre los artistas pero sin llegar a ser competente- quien luzca en un trabajo común, sin ponerse el pie entre ellos.

Enhorabuena, Ópera de Bellas Artes. ¡Enhorabuena, melómanos de México! Una nueva OBA comienza a asomarse tras el telón del Dr. Atl.

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