Por: Enid Negrete

Además de nuestros primeros poetas como Nezahualcóyotl (1402-1472) o Cacamatzin (1483-1520), tenemos que mencionar a  Macuilxochitzin (c. 1435 – ¿?), nuestra primera mujer poeta conocida. Aunque sabemos muy poco de su vida, José León Portilla hizo referencia y rescate de su obra, además de otros estudios posteriores que no permiten afirmar que gozó de fama y éxito en vida.  

Era hija adoptiva de Tlacaélel, consejero de los mandatarios aztecas, por lo que recibió una educación privilegiada que incluyó el bordado, el tejido y, por supuesto, la poesía y la música. Se sabe que  nació alrededor de 1435, proveniente de una tribu, probablemente Chichimeca, destruida por incursiones nómadas. Tlacaélel, que solía servir como consejero de los tlatoanis, la adoptó, le dio nombre y la llevó a Tenochtitlan, en ese entonces en pleno esplendor y con miras expansivas.

Algunas de sus obras tienen referencias históricas importantes y ponen de relieve la participación de las mujeres, dejando claro el papel protagónico que tenían en la vida cotidiana de la población náhuatl. Un ejemplo de ello es el Canto que se conserva en la Biblioteca Nacional de México, donde no sólo hace una crónica de la batalla en la que participó su padre sino que incluye el papel definitivo que tuvo un grupo de mujeres otomíes, para lograr la salvación de uno de los capitanes involucrados.

Lejos de sorprendernos, era lógico que las investigaciones modernas develaran a una mujer poeta en un mundo de esplendor económico, cultural y social, como fue el imperio Azteca antes de la llegada de los españoles.

Que sean las palabras de esta artista mexicana las que nos traigan, como las estrellas, la luz de un mundo que ya no existe. •

Macuilxochitzin Icuic / Canto de Macuilxochitzin

A nonpehua noncuica,
ni Macuilxochitl,
zan noconahuiltia o a in ipalnemoa,
yn maconnetotilo – ohuaya, ohuaya!
Quenonamican,
can o ye ichan
im a itquihua in cuicatl?
Ic zanio nican
y izca anmoxochiuh?
In ma onnetotilo – ohuaya, ohuaya!

Elevo mis cantos,
Yo, Macuilxóchitl,
con ellos alegro al “Dador de la Vida”,
¡Comience la danza!
¿Adónde de algún modo se existe,
a la casa de Él
se llevan los cantos?
¿O sólo aquí
están vuestras flores?,
¡Comience la danza!

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