María Hanneman: Una estrella con los pies en la tierra

“Nadie en mi casa es músico”, señala la joven prodigio que no se asume así. Ganadora de concursos, solista de concierto y, sin duda, una promesa de la música, María Hanneman se encuentra cimentada firmemente en la tierra y simplemente disfruta su trayectoria. No busca el blof del que se acusa siempre al músico clásico sino que se da tiempo de ser adolescente y tocar el piano.

La madurez de María Hanneman sorprende. Su sonrisa es evidente al otro lado de la línea mientras relata cómo supo que era la ganadora del  Primer Lugar en el Grand Prize Virtuoso. “Nos mandaron un mail desde Salzburgo diciendo que había ganado, estuvo muy emocionante saberlo”, cuenta en entrevista con Mexicana de Arte. Pero no es la primera vez para la joven de 14 años: Ha recibido varios premios en Mexicali, Villahermosa y Monterrey, así como en el Festival de Música Rusa en Vancouver, Canadá, fue seleccionada a nivel nacional para formar parte de la Cátedra Ricardo Castro del Instituto Nacional de Bellas Artes, integrada por sólo 12 jóvenes pianistas, siendo ella la más joven y en 2018 obtuvo el segundo lugar en su categoría en el Primer Concurso Internacional de Piano José Cuervo Petrof en Tequila, Jalisco.

“Está fluyendo. No me siento presionada pero es pesado”, señala al abundar sobre la suma de sus estudios regulares y el perfeccionamiento musical en el Conservatorio Nacional del Música. Su formación comenzó a los 3 años con el regalo de un piano de juguete y continuó con el Método Suzuki para luego abrirse paso en Conser, como se le llama popularmente entre los pupilos que lo habitan.

¿Qué le puede faltar a María Hanneman, si tiene talento, apoyo de su familia y el caluroso abrazo de la comunidad musical? A María le faltó ser hombre: Ella misma relata cómo ha vivido en carne propia las diferencias hacia y desde colegas. “Me ha pasado que voy a ver directores y, si me acompaña algún amigo pianista, le dan toda la atención a él. ¡Incluso me han dejado con la palabra en la boca!”, recuerda. Es por eso que, desde su perspectiva, es momento de hablar de género en la música. «Me han preguntado “¿vas a dejar el piano cuando tengas novio?”, a mí y a muchas amigas muy talentosas, en distintas ocasiones. Pero no, no lo voy a dejar: Yo sí me voy a dedicar a la música», dice con firmeza.

Me han preguntado: “¿vas a dejar el piano cuando tengas novio?”, a mí y a muchas amigas muy talentosas, en distintas ocasiones. Pero no, no lo voy a dejar. Yo sí me voy a dedicar a la música.

María Hanneman

Y es aquí donde la mandíbula se me va al suelo. ¡Tiene 14 años y toda la conciencia de género que uno podría esperar de alguien con más edad!. La lección está aprendida: Ni por niña, ni por joven, se sabe menos. María no pierde de vista que, para algunos colegas, su género es desventaja, y sin embargo no sesga en su cada vez más increíble trayectoria sabiendo que las barreras son mentales.

“Sí hay apoyo, pero honestamente hay más para los hombres que para las mujeres”. Y ni esa realidad ha podido hacerla desviarse. “Hay muchas mujeres muy talentosas que necesitan apoyo pero no les dan tanto como a los hombres”, considera. “Yo creo que es momento de darle más oportunidades a las mujeres”.

“Yo intento seguir con lo mío e intento no hacer caso a esos comentarios”, responde al ser cuestionada sobre si le han recomendado tener un plan B alterno a la música. Y vaya que sigue: “Quiero tocar en la Sala Principal de Bellas Artes, en el Carnegie Hall, en la Nezahualcóyotl, en el Ollin Yoliztli, en el Teatro Degollado, en Berlín, en París, en Viena, con muchas orquestas”, enlista con decisión y firmeza en la voz. “Pero primero tengo que terminar la carrera en el Conservatorio y la secundaria”, apunta mostrando que para María Hanneman la ruta es clara

En el futuro de María se pueden ver no sólo un sinfín de conciertos, sino que ya está clara en lo que quiere grabar y hacer: Chopin, Rachmaninov, Clara Schumann y más. “Me encanta la música mexicana, toco algunas cosas de Ponce”. Nunca ha acompañado cantantes pero tiene esa curiosidad.

A pesar de todo lo anterior, María no pierde el suelo: “No me considero niña prodigio. Soy una niña normal, que va a la escuela, que toca el piano, que da conciertos… Pero el único niño prodigio en la música era Mozart: Era muy talentosa, inspiraba mucho compositores, mucha gente” responde tajantemente. “No me creo, pero me da gusto todo lo que he hecho”.

María, con nombre de grande y los pies bien puestos en la tierra, será sin duda uno de los atalayas de la cultura de nuestro México. •

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