Margarita González, un recuento personal.

Por la cercanía de Margarita González, espléndida contralto mexicana, formó parte del grupo extraordinario de intelectuales y artistas que rodeaba a mi familia desde la infancia. Cantante favorita de José Antonio Alcarás, tuve el privilegio de haber asistido a varios recitales suyos en mi infancia y adolescencia. Su imagen, su voz, su amabilidad y su risa forman parte del mundo estable y cálido que conforman, en algunos privilegiados, los recuerdos de la primera infancia.

Gracias a ella, descubrí las maravillas de las canciones de Lorca y de algunos autores mexicanos inolvidables. Gracias a ella, entendí el poder único de la Lettera amorosa de Monteverdi y de cómo una intérprete no necesitaba nada más que su voz, una silla y un gran vestuario, para crear un momento único que quedará grabado en sus espectadores para siempre.

Víctima del olvido de nuestro país, fue víctima también de omisiones en los anales de los teatros del mundo. Tuvo que ser un crítico de mi libro (Con el sol de México en la voz, los artistas mexicanos en el Gran Teatro del liceo de Barcelona (1870-2017), quien me llamara la atención sobre su debut en noviembre 1957 en ese teatro, haciendo el papel de Siebel al lado de Libero de Lucca y Manuel Ausensi. A partir de ese momento, vinieron los encuentros con lo que esta extraordinaria cantante dejó a lo largo de casi cuatro décadas de de carrera.

Fue en la biblioteca de Cataluña donde encontré en cotubre de hace dos años, su disco LP Recital de canciones hispanomejicanas (1959) del sello Gramaphone Odeón, la voz de su amo, donde aborda el repertorio para en el que se especializó: la canción de concierto. En esta grabación tuvo por acompañantes al piano a Salvador Moreno y a Pedro Valdribel e incluye las canciones de Lorca , algunas de Revueltas y también de su amigo Salvador Moreno.

Se dice que la propia Oralia Dominguez envidiaba su voz públicamente. Es tan difícil imaginar lo contrario. Con un fraseo y una pronunciación extraordinarios, una línea de canto impecable y una homogeneidad de registros envidiable, Margarita González era una cantante tan poco común que su carrera pareciera haber pasado desapercibida por un país convulsionado y conflictivo.

Ahora que he podido contactar con su familia podremos disipar muchas dudas sobre su trayectoria, para comenzar con su fecha de nacimiento que tiene diversas fuentes con diversos años, pero sobre todo podremos reconstruir la imagen de esta singular artista.

Lo que sí tenemos por cierto es que fue alumna de Fanny Anitúa en el conservatorio de México en los años cuarenta, que ganó premios en concursos de Munich y Ginebra, y que se tituló en 1955 con el Gran Premio de la escuela de Música de París. Parece imprescindible un estudio biográfico pronto.

Precisamente por todo lo dicho, lo que nunca entenderé es porqué no se le ha dado el lugar que se merece una cantante como ella en la historia lírica de nuestro país.

Que sea este texto un pequeño homenaje a esta artista que hemos olvidado, que dejó su huella en la niña que fui y en todos los que tuvimos el privilegio de oírla.

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