Hermila Barragán: La voz del México moderno

Nació en Cotija de la Paz, Michoacán, en 1930 y emigró a la gran ciudad siendo muy pequeña. Hija de un inmigrante español y de notable belleza, mostró desde muy joven su inclinación por el medio artístico. Comenzó a ir a las transmisiones en vivo que hacía “La Fábrica de Chocolates La Azteca” en el teatro-estudio “Azul y Plata” de la XEW y quedó fascinada por el mundo de la locución, la magia que sucedía detrás del micrófono, el alcance de la palabra hablada… y por uno de los locutores del momento: Edmundo García, con quien se casó a la edad de 14 años (si, leyeron bien).

Hermila Barragán en su programa de tejido / Cortesía Familia García Barragán

Tuvieron 3 hijos y al poco tiempo se divorciaron. Empezó a trabajar en las oficinas de la fábrica de chocolates, pero sintió que no era suficiente, ella anhelaba algo más… Así que entró a estudiar actuación en el “Instituto Andrés Soler”, que abrió sus puertas en 1951 bajo el auspicio de los hermanos Soler, y al poco tiempo, comenzó su carrera como actriz de teleteatro en Telesistema Mexicano (antecedente directo de Televisa); obtuvo su licencia de locución y, fue a través de la radio, que comenzó a formar parte de los hogares mexicanos: su voz comenzó a hacerse familiar para miles de personas.

Alternaba el trabajo en el radio con apariciones en televisión y, sin saberlo, empezó a formar parte del imaginario colectivo: la vieron al lado de Chabelo y en el “Teatro Fantástico” de Cachirulo, fue la voz que invitaba a ir a la Lucha Libre, a probar el pan “Bimbo” y a utilizar los productos de “Colgate-Palmolive”. Entró a trabajar a la XEW como actriz de radionovelas y fue escuchada en distintos papeles, aunque sin duda, el más sobresaliente fue el de “Lupe Arriaga”, hermana de “Chucho el Roto”, la última gran radionovela de la XEW -tuvo cerca de 3.500 capítulos- que narraba las aventuras de un bandido bueno que robaba a los ricos para ayudar a los pobres.

Licencia de locución de Hermila Barragán / Cortesía Familia García Barragán

Su voz, junto con la de Manuel López Ochoa, acompañó a las familias mexicanas durante la hora de la cena por más de 11 años… Enseñó a tejer a todo aquél que quiso aprender a través de dos programas televisivos: “Vamos a Tejer” y “Punto y Vuelta”; publicó un folleto y un libro de tejido, cuyas ediciones se agotaron y respondió a todas y cada una de las cartas que recibió de su audiencia. Se convirtió en “la voz del consumidor” (en la comunicación institucional de la PROFECO) y era quien daba la hora exacta cuando se marcaba el 030.

Su nombre era Hermila Barragán, y fue mi abuela. La recuerdo siempre bien vestida y sonriente, con sus hermosos ojos verdes y su armoniosa voz; excelente cocinera y con un gran sentido del humor.

Hermila Barragán y José José en una reunión (Foto: Cortesía)

Ver sus fotos al lado de “El Indio” Fernández, Miguel Aceves Mejía y José José, fue parte de mi infancia; escuchar las anécdotas de cómo Jorge Negrete la cortejaba y de cómo terminaba un programa en la XEW y corría —con todo y tacones— a la XEQ para iniciar el siguiente programa, mientras duraba la cortinilla, era cotidiano para mí… Nunca dimensioné el trabajo que realizó, ni entendí el impacto que tuvo en la historia del México Moderno: fue pionera en un mundo dominado por hombres y se abrió paso en él gracias a su disciplina y compromiso.

Junto con Amparo Garrido, Marina Isolda y Lourdes Guerrero, entre otras, formó parte de una nueva generación en los medios de comunicación mexicanos: la que le dio protagonismo a la voz femenina y, sobre todo, la que le dio espacio a la mujer por mérito propio.

Falleció hace 17 años, cuando yo desconocía por completo que la vida me iba a llevar por el camino del medio artístico también —aunque a diferencia de ella, me he mantenido fuera de cuadro— y nunca tuve la oportunidad de decirle lo mucho que la admiro, ni lo mucho que agradezco el arduo trabajo que hizo para abrirnos el camino a las que veníamos detrás; nunca le dije que su ejemplo de integridad y constancia es el faro que me guía cuando me siento perdida en el bosque del ámbito profesional

Hermila Barragán y Emilio “El Indio” Fernández posan durante una reunión (Imagen: Cortesía)

La historia de las mujeres que nos desarrollamos en las industrias creativas reposa sobre sus hombros, y sobre los de muchas otras que se decidieron a alcanzar sus sueños, a luchar por la equidad, a obtener más y mejores oportunidades laborales y a ser escuchadas y respetadas por lo que eran: mujeres tan inteligentes y capaces como cualquier hombre…

Gracias a todas ellas, estén donde estén. •

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