Música Opinión

Los tres alegres tenores

Si a usted le gusta el tequila y la buena música, bien cantada, sin duda disfrutará mucho este recital.

México es cantera no sólo de voces, sino de creativos y líderes de la economía naranja. Eso queda cada vez más de manifiesto y hay dos ejemplos clarísimos (que además son mezcla de las tres cualidades citadas antes): Rolando Villazón, quien dirige la Mozartwoche en Austria, y David Lomelí, administrador artístico de la Ópera de Dallas. Ellos dos se reúnen con Javier Camarena —otra de nuestras grandes voces internacionales— para ofrecernos una bohemia digital desde 3 países distintos en las que se convierten en tres alegres tenores: Amigos que compartieron escena, galardón o carrera y que han forjado nombres dignos de su origen se unen para llevarnos al corazón de la canción o The heart of the song, como llamaron en inglés a este encuentro para la nueva plataforma de The Dallas Opera.

Y es que entre las anécdotas de cada uno hay un flujo importante de camaradería, de compadrazgo que muestra la unión de la que los y las mexicanas establecemos con nuestros connacionales en la latitud que estén. Hermanados por la música, los tres tenores nos invitan a recorrer no sólo sus trayectorias sino sus aprendizajes a lo largo de dos de las carreras escénicas y una de las administrativas más relevantes del panorama operístico nacional e internacional.

En los momentos musicales —naturalmente, con nuestras canciones—, no hay uno que no nos transporte a las bohemias clásicas de nuestra idiosincracia artística. Mención aparte merece la Malagueña en voz de Javier Camarena: el veracruzano tiene una voz que entra en la piel y la estremece, hace al oyente transportarse a la atmósfera musical en la que le antecede Villazón con el arpa de Xavier De Maistre, quien forma parte de su más reciente material para Deutsche Gramophon tal como comparte Lomelí, que se viste de presentador mientras nos sorprende con la voz que le llevó a ganar Operalia en el pasado. Porque si algo exporta México son artistas sorprendentes.

Camarena convierte La Malagueña en un poema que seguro sonrojó a la primerísima dama que le acompaña —nada menos que su esposa— en la guitarra. Cada frase es puntual, tan propia que parece emanar de su imaginación, y en los falsetes hay más aire en sus pulmones que en la mitad de la atmósfera terrestre. ¿Hay algo que los guanajuatenses no canten bien? Las vernáculas, todas, les quedan como traje a la medida, y Javier lo sabe. ¡Quién fuera su vecino en Viena, para que lo despierte esa voz!. El final es, por decir lo menos, prodigioso.

Si a usted le gusta el tequila y la buena música, bien cantada, sin duda disfrutará mucho este recital imposible —porque nada fácil es encontrar espacio en esas tres agendas— con algunas de las voces más importantes que el mundo ha recibido desde la tierra del nopal y la canción. •

2 comentarios

  1. Estimado Mauricio Eli, muchas gracias por sus comentarios hacia los maestros Villazón y Camarena. Sólo una pequeña observación: como Guanajuatense se refiere al maestro Camarena? Si es así, me permito comentarle que él es nacido en la ciudad de Xalapa, Veracruz.

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