Ignacio López Tarso y Juan Ignacio Aranda participaron en el ciclo de fomento a la lectura Leo… luego existo, organizado por la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. En la sesión, realizada en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, leyeron fragmentos de la obra de teatro Melville en Mazatlán de Vicente Quirarte y recomendaron al público leer a William Shakespeare.

“Ya hemos participado en otras lecturas de este ciclo que me parece importante. Es un proyecto dirigido a un público numeroso, y parte de él posiblemente no puede pagar un boleto de teatro o un libro. Me parece muy bien que lo haga el INBAL”, señaló López Tarso en breve entrevista.

El primer actor expresó que hay muchas lecturas que él recomendaría, sin embargo, coincidió con su hijo, Juan Ignacio Aranda, en que una de las lecturas fundamentales es cualquier obra de Shakespeare.

La sesión tuvo dos dedicatorias: a Vicente Quirarte y a Herman Melville, de quien se celebran 200 años de su nacimiento en 2019.

Melville en Mazatlán es una obra teatral escrita por Quirarte entre 2012 y 2015, y protagonizada por dos Melville, uno joven y otro viejo. “La intención era montarla con quienes ahora me han hecho el honor de interpretarla. No fue posible, pero quiero recordar que el maestro López Tarso, a la segunda lectura, ya se sabía de memoria varios de los parlamentos, lo cual demuestra su profesionalismo y su amor al teatro”, señaló Quirarte.

“Lleva por título Melville en Mazatlán porque se me ocurrió precisamente en la bahía de Mazatlán al mirar los dos peñascos y pensando en su biografía. Los mazatlecos han creado mitos y dicen cosas como ‘siempre se sentaba aquí y tomaba su Pacífico’, en tiempos cuando ni siquiera existía esa cerveza”.

En los fragmentos elegidos para la lectura, el viejo está escribiendo un poema y es interrumpido por el joven. Su diálogo, a veces vital e irónico, en ocasiones melancólico y profundo, pero siempre lúcido –característica de la pluma de Quirarte–, transitó por diversos temas, como la edad, la vejez, el trabajo del escritor, la parentalidad, el mar y la propia historia de Moby-Dick como alegoría de la vida.

“El jueves se cumple el primer bicentenario del nacimiento de Herman Melville, por eso ésta ha sido una lectura maravillosa y simbólica, que entraña el hecho de que mis dos admirados y queridos amigos hayan leído esta obra. También es una manera de rendir homenaje a Melville, quien pasó por México antes de haber escrito algo.

“Esto precisamente me dio la idea de hacer una obra en la cual los dos personajes se encuentran: el escritor joven que no ha escrito y el veterano que ya está de vuelta de todas las batallas, en estado melancólico, que piensa que toda su vida y su escritura son un fracaso y lleva 20 años trabajando en la aduana, ‘empujando la pluma’, como dice en la obra. Por eso niega su condición de escritor. Entonces, lo que el joven le da es esa savia, esa vida, y es ese ángel tartamudo quien le abre las puertas de su novela posterior”, refirió Quirarte.

La lectura estuvo traducida en Lengua de Señas Mexicana por Mirna Dávila. Asimismo, fueron anunciados dos programas más de Extensión Cultural: Somos lectores INBAL, ciclo de lectura en voz alta en el cual el público será protagonista, y Trueque de libros.

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