Premios y Reconocimientos

Camarena: La leyenda del bis

¿Estaba prohibido bisar en el MET?

Las voces mexicanas en el mundo tienen la cualidad de sonar fuerte.

Hasta donde mi conocimiento alcanza, nuestra primera gran gloria internacional fue la inigualable Ángela Peralta, a quien se atribuye la frase “así se canta en el cielo”. Y la lista es larga en todas las tesituras.

Quien sorprende por la viralidad de su agenda es Javier Camarena. Reconocido como Cantante Masculino del 2020 por los International Opera Awards, el veracruzano vio su triunfo publicado en una gran variedad de espacios, desde los más especializados hasta TvyNotas, un semanario de nota rosa en México.

¿A qué responde el interés desatado por el mexicano? Además de todo, al orgullo nacional. Hablar de la voz es caer en el lugar común: nadie ignora que Javier Camarena canta de forma limpia, elegante y puntual. Se la rifa, como decimos en México. Pero considero que es precisamente decir “esta voz es mexicana” lo que nos hace estar pendientes de la carrera internacional de Camarena y tenerlo presente. Queremos mostrar al mundo con lo verdaderamente bueno de México, me permito decir.

Javier Camarena en la sala de butacas del Palacio de Bellas Artes, / Imagen: Cortesía Spinto/Mar Álvarez

Camarena lo mismo cocina que habla de los escenarios internacionales. Ahí está su notoria emoción cuando su voz fue recibida —y aclamada— en el Teatro Bolshoi en Rusia que, según sus palabras, era un sueño cumplido.

Dejarse llevar parece ser la fórmula que ha funcionado y en eso coincidió alguna vez María Katzarava, otra gran estrella mexicana, quien en una entrevista me confesó que “nunca planeo nada, las cosas han ido pasando”. Sin miedo a jurar, me atrevo a afirmar que la técnica de Camarena es similar: Su sencillez y carisma, sumados a un talento que impacta por la sensibilidad con la que lo ejerce, le han llevado lo mismo a recitales de piano como a ambiciosas producciones de ópera en los más importantes escenarios como el Teatro Real, la Ópera de Bellas Artes o la Metropolitan Opera House. No deja de soñar, pero tampoco de bisar.

De los bises se habla mucho —y hay hasta quien los pone en duda—, pero hasta ahora la información conocida nos dice que Camarena se hizo histórico al convertirse en el tercer tenor en bisar (repetir un aria como agradecimiento al público al recibir una ovación) en la MET Opera desde que esta existe, siendo el primero en hacerlo en tres producciones distintas: La Cenicienta de Rossini (2014, en dos funciones), Don Pasquale de Donizetti (2016, en dos funciones) y las 7 representaciones de La hija del Regimiento en 2019.

En la lista de bis del MET le precedían el italiano Luciano Pavarotti (primero registrado, en 1994) y el peruano Juan Diego Flórez (2008, también con el aria de los nueve Do de pecho, y luego en 2012 en El Elixir de Amor), a quien Camarena cubrió en La Cenicienta de 2014 tras enfermarse. Es en esa ocasión que, de acuerdo con El Mundo, Peter Gelb decidiría permitir al mexicano repetir en la segunda función al reconocer el aplauso de la audiencia. “Lo que nadie esperaba entonces es que el sustituto enfervorizara al público de tal manera que los responsables del teatro neoyorquino tomaran la decisión inusual de permitirle hacer un bis“, dice la redacción del corresponsal Eduardo Suárez para el diario español.

La misma redacción indica que, según se leía en los programas de mano del recinto, estaba prohibido bisar. Suárez explica también que, tanto en el caso de Camarena como de Flórez, esto quedaba a consideración del director (Fabio Luisi en ambos casos) y respondía —como debe ser— a la forma en que el público tomaba la actuación en turno.

Programa de mano del estreno en Estados Unidos la ópera Turandot, de Puccini, en la temporada 1926-27 de la Metropolitan Opera House.
Programa de mano del estreno en Estados Unidos la ópera Turandot, de Puccini, en la temporada 1926-27 de la Metropolitan Opera House. / Imagen: metoperafamily.org, vía Wikimedia Commons

Un programa de mano mostrado por el portal La Ópera apuntala esa afirmación. Esto, lejos de crear una sombra sobre Camarena, lo ilumina más: El bis en Nueva York se gana con trabajo arduo y talento que sorprenda.

Camarena está lejano del escándalo y las dudas, pero no de la audiencia; se permite bromear, invita manteconchas en los encuentros con la prensa, responde con soltura y deja que la carrera lo lleve a donde deba llegar.

¿Nace una leyenda?. •

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